La industria hotelera cubana enfrenta una coyuntura crítica, evidenciada por la drástica caída de sus tarifas promedio. Este descenso, sin parangón en años recientes, es una respuesta directa a la necesidad de estimular la demanda en un mercado turístico deprimido.
Las ofertas de última hora y paquetes promocionales, que antes eran escasos, se han convertido en la norma. Esta estrategia de distribución masiva busca llenar la capacidad ociosa, abarcando desde destinos icónicos como Varadero hasta centros urbanos como La Habana.
La inclusión de servicios complementarios sin costo adicional, como parte de estas promociones, diluye aún más el ingreso por habitación disponible (RevPAR) y el ingreso promedio diario (ADR), ejerciendo una presión considerable sobre los márgenes operativos de los establecimientos.
Esta política de precios ultra-competitivos, si bien puede generar un volumen de reservas a corto plazo, plantea serios interrogantes sobre la sostenibilidad financiera del sector y su capacidad para invertir en mantenimiento y mejora de infraestructuras a futuro.
El riesgo inherente a una estrategia de precios basada en el descuento radica en la potencial erosión del valor percibido del destino. Revertir una imagen de «destino barato» es un proceso largo y costoso, que puede afectar la capacidad de atraer segmentos de mercado de mayor poder adquisitivo en el futuro.
La dinámica actual en Cuba subraya la vulnerabilidad de mercados turísticos que dependen en gran medida de un modelo de oferta masiva y precios, especialmente ante disrupciones geopolíticas o económicas sostenidas.
Impacto en la gestión de ingresos y distribución
Este escenario fuerza a los gestores hoteleros a reevaluar sus modelos de Revenue Management. La prioridad se desplaza de la optimización del RevPAR hacia la ocupación a cualquier costo, lo que puede distorsionar las bases de datos históricas para futuras proyecciones y estrategias de pricing. La proliferación de ofertas de última hora a través de múltiples canales de distribución también incrementa la complejidad de la gestión de inventario y puede elevar los costos de adquisición de clientes (CAC).






