La llegada de turistas internacionales cayó 14% en 2025, mientras el gasto de argentinos fuera del país creció 54,7%. El desequilibrio dejó un rojo de US$7.221 millones y profundizó una tendencia de pérdida de competitividad frente a otros destinos de la región.
El turismo internacional volvió a dejar en 2025 una señal de alerta para la economía argentina. El país recibió 5,68 millones de visitantes extranjeros, un 14% menos que el año anterior, y quedó entre los destinos con mayor caída porcentual dentro del relevamiento internacional de ONU Turismo. Al mismo tiempo, crecieron con fuerza los viajes de argentinos al exterior y el saldo de divisas del sector terminó con un déficit récord de US$7.221 millones.
La combinación de menos visitantes extranjeros y mayor gasto fuera del país profundizó un desequilibrio que ya venía mostrando señales en los años anteriores. Durante 2025, los argentinos gastaron alrededor de US$12.100 millones en viajes al exterior, un incremento del 54,7%, mientras los ingresos asociados al turismo receptivo quedaron muy por debajo de ese nivel.
El resultado marcó una diferencia significativa respecto de la dinámica observada en otros países de la región. Argentina perdió el liderazgo sudamericano en cantidad de visitantes internacionales y fue superada por Brasil, Colombia y Chile, tres destinos que en los últimos años fortalecieron su posicionamiento en el mercado turístico regional.
La caída del 14% también ubicó al país en el cuarto lugar entre los mayores retrocesos porcentuales registrados durante 2025 por los destinos informados al Barómetro de Turismo Mundial. Por encima aparecieron Lesoto, Islas Marianas del Norte y Camboya.
Un problema que viene de antes
El deterioro de 2025 no aparece como un fenómeno aislado. Los indicadores de largo plazo muestran que Argentina fue perdiendo participación relativa en el turismo mundial durante las últimas décadas, incluso en períodos en los que el movimiento global de viajeros creció con fuerza.
A comienzos de los años 2000, los ingresos provenientes del turismo receptivo argentino se encontraban en niveles similares a los de Nueva Zelanda y República Dominicana, y superaban a los de países como Colombia, Brasil y Filipinas. Esa relación se revirtió con el paso de los años y actualmente Argentina se encuentra por debajo de todos ellos.
El contraste también se observa en la participación del turismo dentro de la economía. El PIB turístico directo representa aproximadamente el 1,7% del producto nacional, una proporción baja en comparación con otros países donde la actividad tiene un peso mucho mayor.
En Uruguay, por ejemplo, la participación directa del turismo ronda el 8,9%. Esa diferencia muestra que el desafío argentino no pasa únicamente por aumentar el número de visitantes, sino también por lograr que la actividad tenga mayor capacidad para generar ingresos, empleo e inversiones.
El peso del tipo de cambio
Uno de los factores centrales durante 2024 y 2025 fue el encarecimiento relativo de Argentina en dólares. La apreciación del peso redujo la ventaja de precios que históricamente funcionó como incentivo para turistas de países limítrofes y, al mismo tiempo, abarató en términos relativos los viajes al exterior para los residentes argentinos.
Ese movimiento se reflejó directamente en la balanza turística. Mientras disminuyeron las llegadas desde el extranjero, aumentó el número de argentinos que eligieron destinos internacionales y también creció el gasto promedio fuera del país.
La dinámica cambiaria explica parte del fenómeno, pero no alcanza por sí sola para comprender el retroceso. El turismo argentino arrastra dificultades estructurales vinculadas con la conectividad, la infraestructura, la promoción internacional, la estabilidad de costos y la falta de una estrategia sostenida en el tiempo.
Menos competitividad regional
La pérdida de terreno frente a Brasil, Colombia y Chile expone además una competencia cada vez más intensa dentro de América Latina. Esos países avanzaron en conectividad aérea, posicionamiento internacional y desarrollo de nuevos productos turísticos, mientras Argentina mostró una evolución más irregular.
A esto se suman los cuestionamientos del sector privado por la reducción de la inversión pública en infraestructura vinculada al turismo. Empresarios y referentes de la actividad sostienen que rutas, aeropuertos, servicios y conectividad son variables decisivas para sostener la competitividad de los destinos.
La discusión excede por lo tanto la coyuntura de un solo año. La caída del turismo receptivo en 2025 aceleró un proceso que lleva más de una década y volvió a poner sobre la mesa la necesidad de una política turística de largo plazo.
Argentina conserva atractivos naturales, culturales y gastronómicos de fuerte reconocimiento internacional, pero los números muestran que esa ventaja no se traduce automáticamente en crecimiento. La pérdida de visitantes, el aumento del turismo emisivo y el déficit récord de divisas evidencian que el sector enfrenta un problema de competitividad que combina factores cambiarios, estructurales y de planificación.






